Ad Astra, Don Tito…

Tito Fouillioux

Don Tito en 2010, luego de una entrevista que le hice poco antes del mundial de Sudáfrica.

Escribir en Twitter se hace corto y frio para lo que quisiera expresar hoy. Soy de los que crecieron con Sapito Livingstone y Alberto Tito Fouillioux en la tele y en la radio comentando fútbol. No era posible imaginar una transmisión o noticiero de TVN y Canal 13 sin ellos. Después al crecer y seguir mi vocación, conocerlos fue extraordinario, porque además de ser íconos de la UC y referentes de un estilo de periodismo deportivo, que ellos hicieron único y que me identifica plenamente, también pude saber que eran excelentes personas. Y si Sapito es mi máximo referente y ejemplo a seguir en mi profesión, probablemente Don Tito sea quien le sigue en mi lista. Pienso en él y el recuerdo es inseparable de la chaqueta blanca y su dupla con Néstor Isella en el 13.

La muerte de Don Tito Fouillioux me apena profundamente. Fue un caballero como no existen ahora. Siempre menciono que una vez leí que el recuerdo que uno conserva de las personas depende de cómo te hicieron sentir cuando estuviste con ellos. Si es por eso, mi recuerdo suyo es superlativamente positivo, y lo digo así, porque incluso si digo “el mejor”, se relativiza y no, no quiero eso. Por suerte estoy leyendo muchos mensajes de colegas que fueron afortunados de trabajar con él y que están atestiguando exactamente lo mismo: Excelente como comentarista, extraordinario como persona.

Desde que tenía 15 años empecé a intentar abrir puertas en el mundo del periodismo deportivo porque ya desde los 11 sabía que eso era a lo que quería dedicar mi vida. A Don Tito lo conocí cuando iba a San Antonio 220, la antigua Radio Nacional, para ver cómo hacían Más Deporte y ver la posibilidad de trabajar con ellos. Siempre me saludó con amabilidad y respeto, incentivándome a seguir mi camino. Luego, cuando ya estaba en la universidad, a mediados de los años ’90, los iba a ver al Hotel Parinacota donde se hacía diariamente, a la hora de almuerzo, la edición central de Deportes en Agricultura, cuando el programa había emigrado a esa radio. En esa época prácticamente todos los trabajos que hacía para los distintos ramos en los que podía elegir el tema, eran de fútbol, por lo tanto muchas veces fui a entrevistar al panel completo del programa para esos trabajos y, en general, casi todos hablaban conmigo, pero supongo que por su calidez y mi admiración hacia ellos, los que se pegaron permanentemente en mi recuerdo fueron Sapito Livingstone y Don Tito. Recuerdo una vez que, terminado el programa, se quedó solo en la mesa, todos los demás panelistas ya se habían ido y me invitó a tomar un té con él, que recién estaba terminando de comer, para que pudiera entrevistarlo. Antes de prender la grabadora, me dijo que se acordaba de mí, me preguntó cómo y en qué estaba y ahí me dijo que incluso él sabía de mí desde hace tiempo, porque había leído mis columnas en Las Últimas Noticias unos años antes, cuando don Iván Cienfuegos -el subdirector de LUN en esa época- me dio la oportunidad de colaborar con ellos a mis 14 años.

Cuando Don Tito me dijo eso, no lo podía creer. Me emocioné como una niña porque uno de los comentaristas que más admiraba había tenido el increíble gesto de contarme que efectivamente sabía de mi existencia y de mi vocación desde mucho antes de imaginármelo. Qué obligación tenía él de darle su tiempo a una estudiante de periodismo, invitarla a tomar un té, decirle que se acordaba de ella y que ya la había leído, además de compartir su conocimiento para un trabajo que no iba a salir publicado en ningún lado. Ninguna. Es aquella grandeza de los que van adelante, marcándonos el camino a los que vamos detrás, queriendo o ser como ellos o tomar de ellos y hacer propias aquellas cosas que nos muestran y que son admirables. Y en eso también cuento su “humor diferente”, absurdo, ingenioso y sutilísimo, uno de sus sellos más distintivos en todo el trabajo que hacía.

Don Tito se preparaba mucho porque buscaba la precisión en la información con la que apoyaba su comentario. Y no sólo para su trabajo. La última vez que lo entrevisté fue en 2010, para una revista digital que ya no existe, a raíz del regreso de Chile al mundial. Me citó después del programa del mediodía de Deportes en Agricultura, que en para esa época se hacía en el Hotel Radisson de Vitacura, y llevaba con él un registro estadístico de la selección y una revista para mostrarme fotos de la selección en su época de jugador, porque quería ser lo más acucioso posible en la información que me iba a dar.

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Alberto Fouillioux – Selección Chilena (circa 1962).

Ahí me contó historias que, al menos yo, no sabía sobre Fernando Riera: cómo manejó al grupo y lo que hizo para dignificar la profesión de futbolista que, hasta ese entonces, era muy mal mirada por la sociedad chilena, además de su experiencia personal como seleccionado, tomando en cuenta los dos mundiales en los que participó.

Fue simplemente una delicia de conversación, con él compartiendo su conocimiento y sobre todo, abriéndome directamente una ventana a una época increíble que no viví y que fue absolutamente opuesta a la que vivimos hoy.

Años más tarde, tuve el placer de conocer a y trabajar con su hijo Gonzalo, a quien le tengo mucho cariño y aprecio. Gonzalo llegó como practicante a la sección Deportes del departamento de prensa de TVN, con un talento y conocimientos que hicieron notar inmediatamente su linaje en la profesión, además de mostrar también la misma sencillez, caballerosidad y humildad de su padre. Y comento esto porque los hijos son también casi siempre reflejo de sus padres y lo que reciben en su casa. Para fortuna nuestra, el legado de Don Tito en el periodismo deportivo está muy bien custodiado por Gonzalo.

Con su familia en mis pensamientos, agradezco profundamente la huella que ha dejado Don Alberto Fouillioux en el fútbol y periodismo deportivo chilenos. Ojalá las nuevas generaciones, tan distintas y tan encandiladas por la fama rápida, buscando el protagonismo personal en vez de la excelencia, se interesen por lo que Don Tito hizo y logró, con el balón y con el micrófono. Más aún, espero que su grandeza en todo ámbito sea siempre recordada.

¡INFINITAS GRACIAS, DON ALBERTO FOUILLIOUX AHUMADA!

 

*Ad Astra significa “A las estrellas” en latín.